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Con la reprimenda del BCE, ¿a quién le importa lo de Moody's?

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Recuerdo que Zapatero, en enero de 2009, acudió a una velada televisiva para someterse al juicio de un centenar de ciudadanos –bastante cabreados, pero no tanto como lo estarían ahora- donde lanzó básicamente dos mensajes: que era el momento de consumir (dos años después, Campa sigue con lo mismo), y que la economía es un estado de ánimo: así, pensaba que en la medida en que recuperáramos la confianza romperíamos el círculo vicioso que nos atenazaba.

Todas y cada una de las decisiones que ha tomado el Gobierno desde entonces han contribuido a generar justo lo contrario. El agravamiento de la crisis durante aquel año de 2009 (en que el ejecutivo malgastó 8.000 millones en el Plan E, entre otras nefastas medidas) condujo a la pseudointervención de nuestros destinos en mayo del año pasado. El cambio de rumbo –aunque pudo parecer drástico, al menos de palabra- que inició el Gobierno hace diez meses no se ha concretado en un plan integral, audaz, valiente y sincero. Se ha limitado a ir parcheando, a achicar agua. De ahí las sucesivas crisis que ha tenido que soportar nuestra deuda, pública y privada.

En la última prórroga que conseguimos el pasado noviembre, Elena Salgado lanzó un mensaje que bien podía parecer que, por fin, se estaba agarrando el toro por los cuernos: Información normalizada sobre la cartera inmobiliaria (promoción inmobiliaria y residencial hipotecaria) de bancos y cajas, y loan to value (referencia entre los préstamos concedidos y el valor de los activos correspondientes) fueron las dos promesas que, por un momento, me hicieron pensar que esta vez la cosa iba en serio.

Por eso me llevé una terrible decepción cuando MAFO, un par de semanas después, declaró que: “el valor de los activos de la banca española no puede haber variado significativamente en tres meses”. Y también que: “Nada ha cambiado sustancialmente del resto de las hipótesis y, sin embargo, los mercados han parecido olvidarlo”.

Así que en absoluto me ha extrañado el íter seguido por el Banco de España durante las últimas semanas, primero con la poco realista foto que se ha divulgado de la exposición inmobiliaria del sistema financiero; y después con la cifra (15.152 millones) considerada como mágica para solucionar nuestros problemas.

Lo que sin embargo sí me ha sorprendido ha sido la reacción del personal ante la rebaja de Moody’s. ¿Qué otra cosa cabía esperar ante la decepción del camino emprendido? ¿En qué hubiera cambiado anunciar el recorte después de que el BdeE diera sus cifras si, en todo caso, iban a estar por debajo de 20.000 millones? El Gobierno se inventó una fórmula para salir del atolladero que nada tenía que ver con el saneamiento del sistema financiero. Y esa fórmula no ha colado. Moody’s está realizando una valoración del riesgo real de nuestro Estado y de sus entidades financieras. Mientras que el Gobierno ha pretendido confundir al personal inventándose una fórmula barata para generar eso que tanto imploraba Zapatero en TVE: confianza.

Y no sólo no ha colado ante las agencias de calificación de riesgo o ante los analistas de los bancos internacionales de inversión. El Banco Central Europeo (ojo, en el que está integrado nuestro Banco de España), dentro de la prudencia que caracterizan sus declaraciones,  ha emitido un dictamen sobre el Decreto-Ley de Reforzamiento del Sistema Financiero que debería ser suficiente para que el Gobernador del Banco de España y la Ministra de Economía presentaran su dimisión:

1. “Se requiere una valoración crítica del activo del balance de las entidades de crédito en la actual fase recesiva del ciclo económico y en situación de excepcionalidad para parte del mercado, en particular el sector inmobiliario”. “Aunque hasta ahora el Banco de España ha sido conservador en esa valoración, debería aprovecharse la oportunidad que brinda el Real Decreto-ley para abordar con determinación cualquier duda que persista sobre la misma”.

Traducción: Previo a Decretos y recapitalizaciones deberíais hacer, de una vez, un reconocimiento de la pérdida de valor de los activos inmobiliarios. Ya vale de medias tintas.

2. “El adelanto de unos dos años respecto del calendario global de aplicación del Acuerdo de Basilea III sobre el capital de las entidades de crédito podría ser complicado para éstas e incrementar el riesgo de efectos negativos transitorios en los flujos de crédito a la economía real: debe tenerse en cuenta que el Comité de Basilea optó por medidas transitorias precisamente para conciliar las necesidades de mayor estabilidad financiera y disponibilidad de crédito”.

Traducción: está bien que exijáis un capital del 8 o del 10, pero a su debido tiempo: si en Basilea se aprobó un calendario de varios años para su implementación no fue por capricho, sino porque hacerlo a toda prisa supondría un empeoramiento del flujo del dinero en las economías. Es decir, que si ya estáis mal por la desconfianza que generan vuestras cajas y bancos, esta vuelta de tuerca, además de no solucionar el problema de fondo, va a suponer una nueva losa para vuestro tejido empresarial.

3. “En lo que se refiere a las políticas fiscales, es imprescindible que todos los Gobiernos apliquen plenamente sus respectivos planes de consolidación fiscal en 2011”. “Reforzar la confianza en la sostenibilidad de las finanzas públicas es crucial, puesto que reducirá las primas del riesgo de tipo de interés y mejorará las condiciones necesarias para un crecimiento sólido y sostenido”

Traducción: Habéis reducido algo el deficit, pero no parece que sea suficiente para recuperar la confianza. ¿Por qué? Porque ha sido a costa de aumentar los ingresos del Estado vía impuestos –aumentando la presión sobre las clases medias- y no mediante la reducción del gasto que, no sólo no se ha reducido sino que (increíble) ha aumentado.

La reprimenda del BCE no puede ser más dura ni tampoco más explícita. Este informe bastaría para que Moody’s, Fitch o S&P degradara nuestra deuda dos escalones. Pero a nadie le interesa que España caiga. Ya lo dijo Roubini: “too big to fail; too big to bail out”.

Y mientras tanto querido presidente, en España, ni consumo, ni confianza.

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