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“Españoles, la guerra (de la deuda) ha terminado”. ¿Seguro?

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Ni los más optimistas del lugar esperaban que, tras el malogrado debate parlamentario de Portugal del miércoles por la tarde, ni el “Madrid Stock Exchange” ni el riesgo-país del Reino de España quedaran incólumes.

Algo se empezaba a intuir ya la semana anterior cuando, tras la rebaja de rating de Moody’s –con varapalo incluido al plan de recapitalización del Banco de España- apenas hubo repercusiones en los índices mencionados. La coincidencia en el tiempo con los sucesos de Japón y de Libia hizo pensar a los observadores que éstos nos habían sacado momentáneamente del foco: una suerte de tregua mediática que nos hacía pasar desapercibidos. Pero no. La ficha de dominó portuguesa no ha sido lo suficientemente larga para alcanzar en su caída a la española, que ni siquiera se tambalea. ¿Qué ha pasado?

No nos engañemos, los problemas siguen ahí: el gasto público ha aumentado en 2010; las CCAA y los Ayuntamientos siguen descontrolados; la reforma laboral se queda en su versión light; la inflación aumenta cada mes y la estanflación es un hecho; el paro, lejos de reducirse, aumenta; el tejido empresarial formado por autónomos y pymes se desvanece; el consumo –tan importante en nuestra economía- no levanta cabeza; el país adolece de liderazgo político y de una visión que inspire a los ciudadanos; los ricos son más ricos y las clases medias se empobrecen; el sector inmobiliario residencial no se ajusta; la banca sigue enladrillada y dependiente del exterior;…

Y, sin embargo, España ha pasado con nota el peor examen al que nos hemos enfrentado desde que empezó la crisis, ¿por qué?

Por de pronto, nuestros “clientes” estaban deseosos de comprar nuestra mercancía, y no les ha interesado escarbar demasiado ni elaborar estrictos “controles de calidad” que evidenciaran carencias graves: hace ya tiempo que advirtieron que el rescate de España les produciría más perjuicio que beneficio. Así, desde que comenzó el año, chinos, árabes, rusos y noruegos han dado su OK a invertir más en deuda española.

También es mérito de la “diplomacia” económica española: sean Campa, Salgado, los altos funcionarios del Banco de España y de la CECA, o los directivos de las grandes españolas, han conseguido transmitir el siguiente mensaje: “España está mal, incluso muy mal, pero tiene capacidad de resistencia y de darle la vuelta a la situación a poco que confíen en ella”. ¿Y cuáles son las claves del argumento que nos han comprado?

1. España cuenta con un centenar de grandes compañías que se están comportando, en la crisis, con sobresaliente. Su capacidad exportadora está fuera de toda duda, así como la de generar enormes beneficios.

2. La economía sumergida representa alrededor del 20% del PIB. Dense una vuelta por el centro de cualquier capital y comprobarán cómo la vida sigue igual: no hay más pobres ni pedigüeños que hace unos años; sigue habiendo atascos; el comercio aguanta;… Si el 20% de paro fuera real, habría algaradas y desórdenes sociales.

3. El turismo –la gran empresa nacional junto con el ladrillo- está recuperándose. Además, la inestabilidad en el Mediterráneo Sur pronostica un buen año para el sector.

4. La presión fiscal sigue siendo baja en términos relativos con el resto de Europa: si subiendo un “poquito” el IVA hemos conseguido reducir el deficit este año hasta el 9%, qué no conseguiríamos elevando éste y otros impuestos.

5. El ajuste inmobiliario no ha terminado, es verdad, pero el producto de costa, que es el que puede despertar el apetito de los europeos, ha bajado mucho, el 50% si no más, con lo que esta parte del stock ya puede ser absorbible por las economías europeas más pujantes.

6. ¿Y el balance enladrillado de los bancos? Es verdad que los activos tóxicos inmobiliarios pudren la banca pero el Banco de España ha forzado un ejercicio de transparencia que ha servido para mostrar los riesgos y cuantificarlos. La recapitalización ordenada es suficiente.

En términos inmobiliarios y centrándonos en el punto 6 –en mi opinión, absolutamente clave-, el Banco de España y el Gobierno han conseguido transmitir el mensaje de que sólo es preocupante el riesgo-promotor (unos 350.000 millones de euros) el cual, gracias a las provisiones y dotaciones realizadas y en curso, está bastante controlado. Con la recapitalización en marcha se acaban los problemas.

¿Qué es lo único que podría hacer cambiar la percepción sobre la banca a corto plazo? Un cambio legislativo del sistema hipotecario. Como sabemos, la mora hipotecaria oficial es bajísima, del 2,5%. Si prosperasen las iniciativas para introducir la dación en pago (CasaxHipoteca) la morosidad se podría ir fácilmente a tasas del 15 o 20%. Esto supondría un problema para la banca de entre 100.000 y 150.000 millones de euros. Palabras mayores.

El sistema hipotecario es la última “Gran Muralla” anti-tsunamis financieros. Esto no les preocupa a los partidos pequeños, sin opciones de gobierno, que probablemente van a aprovechar el tirón popular de la CasaxHipoteca para arañar votos en los próximos procesos electorales

Mañana, la segunda parte: ¿cuál sería el siguiente paso? ¿Cómo será España si se consolida la situación? ¿Perdurará la calma en los mercados?

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comentarios
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1 Pisos Zaragoza, día

No hay nadie más interesado que nosotros (los pequeños aentes inmobiliarios) en que las entidades financieras terminen de vender todo su stock inmobiliario. Desgraciadamente, no parece que eso vaya a pasar a corto plazo.

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