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Refinanciando España, S.A. (1)

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Cuando las empresas o las familias están presionadas por los bancos –hasta el punto de no saber si conseguirán pagar la cuota siguiente- dejan de estar atentas a su negocio o su trabajo para enfocarse en la búsqueda “como sea” de esa liquidez que les permita mantenerse a flote un mes más, o a una refinanciación que les desahogue por una temporada. Esa pérdida de atención de su actividad principal repercute negativamente en la misma, de tal manera que los problemas tienden a agravarse.

Hace poco estuve con un empresario –uno de tantos- al que le pasaba esto. Justo al comienzo de la crisis se metió en unas inversiones para ampliar y mejorar su negocio que, a la postre, resultaron ruinosas. El coste final duplicó el presupuesto y, encima, no estaba dando los resultados esperados. Para acometer esas inversiones había puesto una buena cantidad de sus recursos además de una financiación bancaria bastante cuantiosa. El pago de los intereses y la devolución del principal le estaban llevando a una situación crítica. De hecho, en su agenda ya contemplaba la venta de alguno de sus activos –personales, no de la empresa- para así cancelar parte de la deuda hasta un punto en que entradas y salidas de caja mantuvieran un cierto equilibrio.

La explotación en sí, el negocio, no es que fuera tan rentable como una huerta solar –de las de antes- pero sí lo suficiente para generar más ingresos que gastos. En un aparte, el gerente de la empresa –que no pertenecía a la familia propietaria- me contó que, en efecto, el negocio estaba aguantando bien la crisis pero que podría mejorarse reduciendo los gastos. La mayor parte del ahorro vendría por la reducción del personal –un 15 o 20% de la plantilla-, algo a lo que el empresario no estaba dispuesto: quería luchar por “su gente” hasta el final. También podría generarse algún ahorro previa acometida de pequeñas inversiones. Algo inviable dado su estado de salud financiero. Lo mismo ocurría con los ingresos: sería posible incrementarlos no sin antes llevar a cabo ciertas inversiones –no muy elevadas pero imposibles para esta empresa en el momento actual-.

Así que a la empresa le quedarían dos opciones: refinanciación o concurso.

Para optar a una refinanciación el empresario tendría que vender alguno de sus activos personales. Con ello cancelaría parte de la deuda y podría agrupar el resto fijando unas cuotas asumibles y creíbles por la entidad financiera. También presentar a la entidad un Plan de Negocio factible (lo tiene). A cambio, el banco le subiría los intereses, le alargaría el plazo, y le haría avalar personalmente y con otros bienes.  Si tiene éxito, la vida de la empresa seguiría pendiendo de un hilo –de que fuera capaz de seguir generando flujos de caja positivos suficientes para dar servicio a la nueva financiación-. Máxime si el empresario no quiere o no puede reducir gastos o mejorar los ingresos.

Del concurso no quiere oír ni hablar. Suena fatal, pero es mejor eso que dejar que llegue un día en que no pueda pagar al banco, o las nóminas, o todo a la vez. En la medida de lo posible, es mejor tener la sartén por el mango: concursar antes de que te concursen. El concurso no deja de ser una renegociación de la deuda, pero mucho más ventajosa. Con un plan de negocio viable –y esta empresa lo tiene- tienes muchas posibilidades de salir adelante gracias a una casi segura reducción de la deuda total y a la obtención de un amplio periodo de carencia.

Dándole vueltas a la situación de esta empresa, se me ocurrió que no distaba mucho de la de España –el Estado español y su sistema financiero-, salvando las distancias. (Continúa mañana)

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comentarios
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1 Limon, día

Sr. Ruiz, escribiría de igual manera si en vez de un banco fuera un capital riesgo al que le adeudara el dinero?

2 admin, día

No sé exactamente a qué se refiere, señor Limón. El capital riesgo es un tipo de fondo que toma una participación directa en el capital y que, por tanto, asume el riesgo del accionista. Realmente no se le debe dinero. El banco por contra lo presta a cambio de un interés. Últimamente, a su pesar, se queda con capital y activos a cambio de deuda.

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