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Castillos, montañas, monasterios, lagos... hay muchas irlandas en el condado de Wicklow

Aunque quizá no mucha gente lo vea como una alternativa para conocer la isla por aquello de conducir por la izquierda, que yo creo que nos parece mucho más complicado de lo que en realidad es, el coche es la forma perfecta para moverse por Irlanda. Primero por la libertad que siempre da tener un vehículo propio y porque muchas de las mejores atracciones turísticas están un poco a trasmano, lejos de los grandes centros urbanos y, por tanto, no siempre fácilmente accesibles; y también porque es un país lleno de carreteras que atraviesan paisajes espectaculares, rutas escénicas en las que el placer de conducir y de internarse por la naturaleza son todo uno.

El coche me parece, por ejemplo, la mejor manera de conocer el condado de Wicklow, uno de los 26 de Irlanda y un lugar perfecto para sumergirte en lo mejor de ese país maravilloso porque, pese a que es más bien pequeño dentro de la media de tamaño de las divisiones administrativas tradicionales de la isla, tiene prácticamente todo lo que buscamos -y encontramos- en la verde Eire: castillos y jardines, lagos y montañas, monasterios, ruinas… casi todas las variedades de lo que más nos gusta de Irlanda están en Wicklow.

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Moros y Cristianos de Alcoy: una fiesta bellísima, impresionante y, encima, políticamente incorrecta

Como mi familia es originaria de los alrededores llevo toda la vida oyendo hablar de los Moros y Cristianos de Alcoy, sin embargo nunca había tenido la oportunidad de ver la fiesta en directo: las fechas habituales nunca cuadraban para poder hacer un viaje desde Madrid.

Hasta el año pasado, cuando por fin me organicé para poder estar en, al menos, los días más grandes de la fiesta. Y les aseguro que, pese haber escuchado miles de descripciones y recomendaciones no sólo es que superaron las expectativas, es que los Moros y Cristianos me sorprendieron y me maravillaron, vamos que me quedé con la boca abierta y no sólo para evitar que los truenos del Alardo se me llevasen por delante un tímpano, pero de eso hablaremos más tarde…

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Teide: el punto más alto de España… y uno de sus paisajes más bellos

Muy pocos paisajes de España me han impresionado tanto como el del Parque Nacional del Teide. O quizá debería ser más concreto y decir que, en realidad, el Teide es una sucesión de paisajes más que un único entorno, y que me encantó ese viaje entre lo que pueden llegar a parecer diferentes planetas que es el ascenso a la altísima montaña. Y eso que, lo anuncio al principio para no generar falsas expectativas, la verdad es que no llegué a cima, lo que al fin y al cabo será una inmejorable excusa -y no es la única- para volver.

Desde Santa Cruz de Tenerife la subida tiene algo que yo he visto en muy pocos sitios y que me pareció impresionante: un poco más allá de La Laguna la carretera alcanza la cresta de una montaña que es en realidad la estribación más al norte del propio Teide y, durante unos cuantos kilómetros, avanza prácticamente por la espina dorsal de esta sierra, de forma que hay lugares en los que el paisaje se extiende infinito ante nuestros pies y ojos tanto a la derecha de la marcha como a la izquierda.

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Cuatro mercados y mercadillos que es un pecado perderse si estás en Londres

Si hay algo que realmente me ha gustado de Londres, ahora que he empezado a conocerla más, es la increíble variedad que tiene y ofrece la capital británica. En pocas ciudades del mundo -de hecho, de las que yo conozco sólo me atrevería a citar otra más: Nueva York- se puede encontrar la gente, la comida, la ropa y las cosas de todas las esquinas del planeta que es posible ver en Londres.

Uno de los lugares en los que esa variedad se muestra en, por así decirlo, todo su esplendor, son los mercados y los mercadillos que llenan Londres y se han convertido en uno de los primeros reclamos turísticos de una ciudad llena de atractivos, pero a la que nadie viaja sin pasar por Camden o Portobello, por poner sólo dos ejemplos.

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Fútbol, modernidad, naturaleza, chocolate o espíritu medieval: Zúrich tiene de todo

Con 400.000 habitantes, Zúrich es una ciudad pequeña para el estándar europeo. Incluso en España, que tampoco es un país de urbes gigantescas, sería sólo la novena más poblada. Pero en la Suiza de los cantones las cosas son diferentes y es la más grande y con más habitantes del país, además de la capital financiera -al menos en buena parte- y, sobre todo, una metrópoli vibrante desde el punto de vista cultural, comercial o empresarial.

En resumen, podemos decir que con su tamaño compacto e incluso cómodo Zúrich es a su modo toda una capital europea aunque, en lo que sin duda es otra peculiaridad suiza, tampoco sea la capital del país.

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Palacio del Marqués de Santa Cruz: un trocito de Italia en el corazón de la historia de España

El Viso del Marqués es un pueblo pequeño, de unos 2000 habitantes, al sur de la provincia de Ciudad Real. Para llegar a él seguimos una hermosa carretera que se despliega en una larguísima recta que atraviesa un valle verde -es más: extraordinariamente verde cuando hice mi visita, después de unas semanas de intensas lluvias-, de hermoso paisaje y en el que la naturaleza parece palpitar llena de vida.

De hecho, tan salvaje puede llegar a ser el entorno que un cartel junto a la carretera nos pide cautela porque en esa zona hay linces ibéricos que podríamos atropellar, así que levantamos el pie del acelerador pese a lo tentador de la recta y, ya de paso, disfrutamos aún más del verdor que nos rodea.

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Joyas secretas de Israel: la gran ciudad romana y la sinagoga en la que predicó Jesucristo

La ciudad de Beit She’an está al norte de Israel, no muy lejos del Mar de Galilea, y situada en la depresión cuyo punto más bajo es el Mar Muerto, así que está más de 100 metros por debajo del nivel del mar. Hace mucho calor incluso a mediados de octubre y según nos adentramos en su casco urbano nos vemos rodeados por una villa anodina de construcciones tan nuevas como impersonales.

Así como se lo cuento no parecería un destino muy interesante al que viajar, pero Beit She’an guardia en su interior un tesoro que hace que todo lo anterior pase a un segundo plano: un increíble parque arqueológico en el que, perdónenme el tópico pero es que es literalmente cierto, la historia ha dejado testimonio y huella, alguna de ellas esplendorosa, del paso de múltiples civilizaciones.

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Visitando las Destilerías DYC: todo el sabor y el saber de Escocia, pero al lado de Segovia

La carretera avanza sinuosa por lo que hoy son casi las afueras de Segovia, no muy lejos de la flamante estación del AVE. Las montañas de la sierra más lejos y muy cerca una larga fila de chalets adosados nos siguen a un lado de la calzada; al otro la planicie segoviana de campos de labranza que en el final del otoño esperan primorosamente arados la todavía muy lejana primavera.

Un poco más adelante giramos a la derecha en una curva cerrada que nos interna en un pequeño valle donde el paisaje cambia y se vuelve más frondoso. En el fondo de esa hondonada, justo junto al cauce de un río Eresma recién llegado desde las cumbres serranas están las instalaciones de la Destilería DYC, uno de esos lugares de los que todos hemos oído hablar -los de mi generación, por ejemplo, no olvidamos aquellos míticos finales de etapa en la Vuelta a España- pero que muchos menos saben que es un sitio al que, incluso sin bicicleta, realmente vale la pena ir.

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Un paseo por Sefarad: los recuerdos y las calles de la Cáceres judía

La recuperación de la herencia judía española anterior a 1492 es un tema complejo, al fin y al cabo han pasado ya más de cinco siglos y excepto rarísimas -y bellísimas- excepciones como las sinagogas de Toledo no hay mucho que haya superado esos cinco siglos de abandono.

Pero por otro lado, recuperar lo que se pueda y recordar y explicar son, creo, obligaciones morales que debemos imponernos. En primer lugar para con aquellos compatriotas a los que echamos de un país que era tan suyo como nuestro -aunque tampoco la expulsión pueda evaluarse sin más desde las categorías morales y políticas actuales, obviamente-; y también para con nosotros mismos: los españoles de hoy en día que debemos aprender del que ha sido, más allá de ese contexto histórico tan diferente del que les hablaba, uno de los grandes errores de nuestra historia, por el que las generaciones actuales no tienen que sentirse culpables, pero que sí deben conocer.

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Por qué Burdeos es uno de los tesoros de Francia y varias razones para no perdérsela

A la altura de Burdeos el Garona es un río anchísimo, tranquilo, bellísimo, la ciudad se asoma a él como a un balcón y, como en un eterno día de fiesta, luce sus mejores galas: toda la fachada fluvial, de varios kilómetros de longitud, es una colección magnífica de edificios de piedra del siglo XVIII, cada uno con su propio estilo y personalidad, pero formando un conjunto armónico de una calidad y cantidad excepcional.

Sólo un hotel de nuevo cuño rompe la armonía -y encima lo hace con cierta gracia- en los cuatro kilómetros de paseo fluvial desde el un poco más allá del Puente de Saint-Jaques hasta la zona portuaria cerca de la nueva Ciudad del Vino. Un despliegue de patrimonio que en cierto sentido sólo recuerdo haber visto en grandes capitales como Roma o París.

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