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A vueltas con las agencias de rating y la crisis de deuda europea (parte 1)

Angel Martín Oro
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Esta es la primera parte de una serie (¿2, 3…?) de posts sobre la crisis de deuda soberana en Europa y el papel de las agencias de calificación.

En los últimos días las agencias de calificación (rating) han sido uno de los principales blancos de las críticas de analistas y políticos. Parece que el blanco en términos retóricos ha cambiado respecto a hace meses. De “los mercados” o “los especuladores” se ha pasado a culpar a las “agencias de rating” de los problemas de los países en situación más delicada de Europa. En realidad la esencia de las críticas no es muy distinta, pero sí que hay algún matiz diferente. Ahora son las agencias las que lideran a los mercados. Con sus decisiones (arbitrarias e injustificadas) de rebajas de calificación son capaces de arrastrar a unos mercados muy volátiles, que a su vez pueden poner en jaque a las finanzas públicas de los países débiles. Esto a su vez empuja a los gobiernos a aplicar medidas de durísimo ajuste y recorte de prestaciones sociales. De esta cadena argumentativa ya escribí hace un tiempo.

Desde este punto de vista, los gobiernos de estos países, aunque en posición muy delicada, han hecho los deberes en su gran parte: han llevado a cabo medidas de austeridad (aumento de impuestos y recorte del gasto) y aplicado otro tipo de medidas de reforma, lo que les aseguraría cierto margen y mejora en el futuro. Sin embargo, las agencias de calificación vienen a aguar la fiesta, rebajando la calificación (más recientemente de la deuda portuguesa) e introduciendo un clima de excesivo e injustificado optimismo. Por eso tiene sentido, desde esta perspectiva, que Bruselas estudie prohibir o restringir la capacidad de las agencias de calificación para emitir sus juicios.

Desde mi perspectiva, sin embargo, la postura de la UE está equivocada. La situación es realmente grave, y se viene alertando de su seriedad desde hace ya mucho tiempo. Otra cosa es que se haya mirado para otro lado, no reconociendo la verdadera gravedad de la situación, tratando de poner parches temporales (rescates aquí y allá) que tan solo alivian el dolor durante unos días (sube la bolsa, se estabiliza la prima de riesgo…) pero no curan la hemorragia. Ahora, en lugar de reconocer que infravaloraron los riesgos y gravedad de la situación, prefieren hacer callar al mensajero y evitar que surjan mensajes negativos desde las agencias. Esto creo que es errado por varios motivos que iremos viendo. Uno de ellos es el diagnóstico del problema.

La hemorragia que sufren estas economías puede caracterizarse, superficialmente, por la falta de recursos financieros para hacer frente a las enormes obligaciones que han contraido en los últimos años con acreedores extranjeros. Digo superficialmente, porque en el fondo los problemas son estructurales y reales más que coyunturales de falta de liquidez puntual: problemas de competitividad (Portugal, Grecia…), de falta de ajuste de la estructura productiva con las necesidades de la demanda (España: todavía un enorme stock de vivienda sin vender, con un ajuste en el sector que avanza muy lentamente…), niveles de deuda total altísimos y falta de ahorro,… Sirva como muestra un dato que aporté en un post anterior: los países cuya tasa de inflación media entre 1971-2000 fue mayor fueron Grecia y Portugal, siguiéndole otros PIIGS de cerca. Añadamos a estos problemas los de índole institucional, como reflejan, por ejemplo, los indicadores de gobernanza del Banco Mundial: un vistazo rápido indica que Grecia, Italia, España y Portugal están significativamente peor posicionados que otros países del entorno.

En ocasiones se centra la atención exclusivamente en indicadores como el déficit público sobre el PIB, deuda pública sobre el PIB, y otros indicadores; pero se olvida que lo que preocupa a los inversores no es solo cuánto dinero debe X en un momento determinado, sino sobre todo, si será capaz de devolverlo íntegramente y en su plazo establecido. Lo que quiere decir que importa, y mucho, el potencial de crecimiento económico de los países en cuestión, y por tanto, sus rasgos estructurales comentados en el párrafo anterior.

En síntesis, los problemas de estos países son profundos y estructurales, y no se solucionan con medidas temporales de corto plazo (como los rescates que se han ido aprobando en los últimos tiempos y cuyo éxito es bastante discutible) sino que hay que buscar alternativas: en mi opinión, se debe hacer un compromiso sólido y creible (para los mercados) de que se va a hacer todo lo que se pueda para llevar la deuda a niveles sostenibles y generar el ambiente institucional más favorable al crecimiento económico (dos cuestiones que como he dicho están interrelacionadas).

Las agencias de rating, entonces, puede que sí que tengan algo de razón esta vez… pero sobre eso entramos en el siguiente post, que hay cuestiones realmente interesantes…

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