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De debate con dos sindicatos: sobre déficit y sanidad (parte 1)

Angel Martín Oro
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Andaba yo entretenido viendo el animado debate de La vía de la libertad con dos representantes de sindicatos (ni CCOO ni UGT) y el coordinador del P-Lib de Aragón, cuando me vino la idea de hacer una entrada recopilando varias de las cosas que allí se han comentado. O dicho de otra manera, publicar una entrada para poner algunos puntos sobre las íes sobre ciertas ideas que me parecen erróneas. (Los tuits de 140 caracteres me saben a poco… si quieren seguirme en Twitter, entren aquí).

En primer lugar, hay que reconocer que los sindicatos representados, al menos uno de ellos, me parece más sensato que los mayoritarios. Por ejemplo, denuncia los despilfarros de las AAPP en materia de empresas públicas.

En este post comentaré dos cuestiones, el resto las dejaré para la siguiente entrada por no hacerlo muy largo.

Déficit y actividad económica

Sobre el tema de la reducción del déficit y el desempeño de la actividad económica y el empleo, se afirma que “es la pescadilla que se muerde la cola”, es decir, que si tratas de reducir mucho el déficit te puedes cargar la actividad económica.

Efectivamente: que se lo digan a los países bálticos, que con un muy ambicioso (de verdad) ajuste fiscal, ahora mismo están en las ruinas, acaparando todos los periódicos por su posible default, y liderando las caídas en sus PIBs. En cambio, otros países como Grecia, que todavía no ha metido la tijera en serio pese a las apariencias, apenas pasan por los medios porque, ya saben, las malas noticias tumban las buenas, y los media son como son. Ah, ¡que era al revés!

En serio, un déficit mayor implica que el inmenso stock de deuda total de España sigue aumentando todavía más (de lo que lo haría si el déficit fuera menor). Y nuestra economía necesita desapalancarse para que podamos volver a una senda de crecimiento sostenido. La estrategia que se ha seguido desde el comienzo de la crisis por el sector público ha sido precisamente la contraria a esta prescripción: aumentándose la deuda pública (cosa que es tanto consecuencia de caída de ingresos como aumento de gastos, unos discrecionales, y otros no, como las prestaciones por desempleo) para evitar un descalabro de la economía en su conjunto que se ha producido igualmente, por lo que el balance que me queda de esta estrategia es claramente negativo.

Es cierto que una reducción dramática del gasto público puede reducir a corto plazo nuestro PIB (no hay que ser keynesiano para admitirlo: PIB=C+I+G+XN), pero por esta regla de tres, también habríamos impedido que las actividades surgidas al calor de la burbuja y que no eran rentables con condiciones de endeudamiento “normales” (tipos de interés no artificialmente bajos) fueran liquidadas. De hecho, esto es algo que pedían algunos economistas: evitar a toda costa una reducción del PIB nominal mediante expansiones monetarias bestiales (sí, han acertado: me estoy refiriendo a Scott Sumner, de quien hablé de pasada aquí).

Más evidencias de trabajos en el sentido de que una mayor austeridad (correctamente entendida e implementada) no va a llevarnos al desastre, las pueden encontrar en este artículo.

Financiación de la sanidad

Además de que uno de ellos afirma algo así como que ”Si privatizáramos hoy la sanidad española según el modelo de EEUU, el 95% de la población española no podría pagarse la sanidad” (cosa discutible pero sobre la que no voy a entrar, en buena parte por mi desconocimiento de la materia), el otro invitado (representante de otro sindicato) dice que “La sanidad la pagan los trabajadores con las cotizaciones de sus nóminas”.

Sin embargo, hace ya tiempo que Seguridad Social y sanidad son dos cosas distintas y totalmente independientes. El portal de Noticias Jurídicas lo dice mucho mejor que yo:

Desde 1.1.1999, según lo dispuesto en el Título I, Capítulo III, de la Ley 49/1998, de 30 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para 1999, y como expresa el párrafo 14 de la Exposición de Motivos de dicha norma, el Estado asumió totalmente la financiación de la asistencia sanitaria, suprimiéndose la aportación de cotizaciones sociales y produciéndose la “desvinculación total de la Sanidad y la Seguridad Social”.

Es, pues, a partir de dicha fecha que culmina la separación entre atención sanitaria y Seguridad Social, cesando el aporte de cuotas directas desde ésta y pasando a financiarse aquella íntegramente con impuestos generales que salen del bolsillo de todos los ciudadanos en las más variadas e indistintas formas impositivas con que el Estado se nutre de los fondos precisos para atender todos los servicios que ha de prestar (IVA, IRPF, IS, etc.).

Digo yo que los representantes de los trabajadores deberían conocer este hecho…

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