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De los orígenes de la ayuda exterior al desarrollo

Angel Martín Oro
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Proseguimos con el tema de la cooperación al desarrollo, esta vez para enlazar mi último artículo publicado en el Instituto Juan de Mariana: De los orígenes de la ayuda exterior al desarrollo.

En las últimas fechas se ha generado cierto debate en torno a la política de cooperación al desarrollo española. Los tijeretazos que ha sufrido la Ayuda Oficial al Desarrollo desde 2010, genera inquietud entre mucha gente, incluidos –por supuesto- los agentes que dependían de estos presupuestos.

Frente a la idea de reducir considerablemente la ayuda exterior, una respuesta común es que ¡por supuesto sería deseable que se acabara con ésta! Lo preferible sería un escenario en el que ésta no fuera necesaria por la ausencia de pobreza, pero –se dice-, mientras ésta exista, la ayuda exterior seguirá siendo necesaria.

Este argumento tiene algunos problemas. Primero, de incentivos: dado que la cantidad de ayuda que se necesitaría es directamente proporcional a la pobreza que existe, los incentivos pueden resultar perversos –que, por ejemplo, una organización reciba más subvención para resolver el problema X cuanto menos efectiva sea en su tarea-.

Después de más de 50 años desde que naciera el enfoque de la ayuda exterior, parece evidente que los problemas de incentivos han sido importantes de cara a explicar el fracaso de éste (fracaso se entiende a incumplir las expectativas que se tenían).

Consideremos lo que decía el economista Walt Rostow a comienzos de los 60, uno de los más influyentes y pioneros defensores de la ayuda exterior: “se requeriría un aumento de 4.000 millones de dólares en ayuda externa para levantar toda Asia, Oriente Medio, África, y Latinoamérica hacia el crecimiento regular”. Afirmó también que esta ayuda tan solo sería necesaria en un primer estadio, y que luego, cuando ya hubiera cumplido sus objetivos, simplemente desaparecería.

Una vez que nos acercamos a los orígenes de este enfoque, por el cual los países ricos debían comprometerse a dedicar recursos hacia los países del entonces llamado Tercer Mundo, conviene adentrarse un poco más en cómo y por qué surgió.

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