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Macroperspectivas Kaleidoscópicas

Angel Martín Oro
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Así se titula mi nuevo blog abierto en el espacio de Ferrer Invest, portal que reúne un buen puñado de blogs sobre información financiera y mercados. Desde allí espero dar una perspectiva macroeconómica, volcando artículos que haya publicado en otros medios, fundamentalmente en LibreMercado, y que considere de interés y actualidad.

De momento, pueden leer la auto-presentación, y la explicación del título del blog, donde expongo parte de mi perspectiva sobre macroeconomía y mercados. Les dejo con esto:

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Creo que el título del blog merece una explicación. Al menos eso de “Kaleidoscópicas”. Esto servirá para adelantar algunas ideas generales sobre mi visión de las cosas. Vamos allá.

La inspiración para el adjetivo de Kaleidoscópicas me viene del economista austriaco Ludwig Lachmann, que a su vez se inspiró en el economista George Shackle, de ramalazo keynesiano e influencia hayekiana, y de quien Nassim Taleb habla muy bien (creo que entenderán por qué al final). Una combinación explosiva… e interesante.

Ambos hablaban constantemente de la economía como un mundo kaleidico: “a kaleidic society,interspersing its moments or intervals of order, assurance and beauty with sudden disintegration and a cascade into a new pattern”.

Y ambos usaron el kaleidoscopio como metáfora de los procesos económicos, de la dinámica de los mercados. Mercados movidos por las acciones e interacciones humanas, que a su vez se mueven por expectativas… de un futuro incierto.

Una metáfora muy distinta de otras visiones más aceptadas y extendidas en la ciencia económica que, importando conceptos de la física newtoniana, representan la economía como un péndulo, que gravita en torno a puntos de equilibrio –un ente esencialmente estático y mecánico, al fin y al cabo.

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Si miran por un kaleidoscopio… ¿qué ven? Una estructura de colores y formas muy compleja. ¿Caótica? Puede parecerlo a simple vista, pero tiene un orden, en el que las partes están interconectadas, las partes forman el todo. Pequeños movimientos del aparato generan grandes cambios en las imágenes que uno ve. Cambios incesantes, inciertos e impredecibles. Complejidad, inestabilidad dentro de un orden, microprocesos dentro de un macroconjunto, incertidumbre e indeterminación.

Eso es a grandes rasgos lo que sucede con la economía, disciplina que trata de comprender el funcionamiento de órdenes sociales de gran complejidad, donde millones de individuos de carne y hueso –con sus sesgos, emociones…- interactúan unos con otros, de forma impersonal. Donde cada uno de ellos tiene una visión de las cosas, planes diferentes y a veces incompatibles, expectativasheterogéneas, conocimientos dispersos.

Donde, a pesar de este aparente caos, existen leyes económicas y regularidades, existen mecanismos surgidos de forma evolutiva y espontánea que permiten que exista coordinación social, es decir, que los planes de agentes tan diversos y que no se conocen entre sí, puedan hacerse compatibles. Al fin y al cabo, como diría Bastiat, “Paris gets fed”.

Una disciplina, la economía, donde la imagen macro que se percibe desde las estadísticas agregadas, está formada y nace de las acciones de los agentes económicos individuales (empresas, inversores, consumidores…); donde existen problemas macroeconómicos pero su explicación y solución –desde la perspectiva de las políticas económicas- debe partir de un análisis micro. (Lachmann: “macroeconomic processes are market processes”). Donde pequeños cambios inesperados (shocks) pueden tener un gran impacto, al menos en el corto plazo.

Donde, ni los agentes económicos ni los economistas que los estudian, tienen un conocimiento completo y una información perfecta de las circunstancias que los rodean. Ni mucho menos conocen el futuro (“el futuro no es un porvenir, sino un porhacer”). Por tanto, la predicción, en un contexto de indeterminación e incertidumbre radical, se torna extremadamente complicada: el mejor economista con el mejor armazón teórico y el mejor análisis aplicado, puede ver sus predicciones echadas por tierra por el flujo incesante e impredecible de decisiones y acciones de agentes económicos y policy-makers. (Lachmann: “The future is unknowable, though not unimaginable”.)

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Dos lecciones que saco de todo esto y que suelen estar presentes en mis escritos (o al menos en mi cabeza):

  1. Las realidades macroeconómicas objeto de análisis son de gran complejidad. El analista debe ser modesto: por un lado, ¿qué datos se tienen en cuenta? Hay tanta cantidad de datos e información que uno se ve obligado a seleccionar. Por otro lado, ¿qué interpretación se hace de los hechos y los datos? Para ello es necesario contar con un marco teórico adecuado que te guíe por la salvaje y oscura selva de los datos y la realidad. El kaleidoscopio necesita un manual de instrucciones. Pero ¿cuál? Hay muchos distintos, que no solo se diferencian en matices sino que llegan a tener visiones contrapuestas… (Adelanto que yo tiendo a situarme en el marco teórico de la Escuela Austriaca…).
  2. El otro punto está relacionado con el escepticismo sobre la capacidad de los policy-makers de resolver problemas de índole económica (social) mediante la vía de la imposición y centralizada. Los mercados son procesos por supuesto imperfectos, porque están formados por gente imperfecta que comete errores, tiene sesgos, información equivocada, etc. Pero los policy-makersno están en absoluto al margen de esto. De hecho, hay razones para pensar que los problemas inherentes al ser humano se acentúan cuando se actúa a través de procesos políticos-burocráticos (falta de feedbackaccountability, competencia real…). Además, dado el carácter “kaleidico” de la economía y los mercados, el intento de controlarla por parte de los planificadores, está abocado (con una alta probabilidad) al fracaso. (Esto entronca a la perfección con la ponencia que enlazaba Hugo de Tim Harford.)
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