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¿Necesitamos un Plan y Estrategia bien definida para salir de la crisis?

Angel Martín Oro
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Participo de vez en cuando en una tertulia económica de Cadena Ser a nivel regional. Quiero comentar algunas cuestiones que salieron a colación en la última tertulia (empieza un poco antes del minuto 15), más en concreto los comentarios del profesor Francisco Fatás, al que ya cité en otra ocasión por ofrecer un diagnóstico interesante de la situación actual.

Fatás viene a resaltar la crucial importancia del momento actual, no solo a nivel económico sino también social y político, en el que han y están eclosionando repentinamente tensiones y desequilibrios acumulados desde hace muchos años en casi todo el globo y en muchas áreas distintas. Por ello, habla de la necesidad de que España tenga una “estrategia definida”:

¿No os parece que uno de los problemas de España es que no tenemos “estrategia definida”? ¿Hacia dónde vamos como país, como sistema productivo, como comunidad política? No tenemos estrategia -o vector de estrategias. Pero, aún más: Europa no tiene una estrategia común. Y esto, en un mundo global, se paga caro. USA tiene modelo; Japón tiene modelo; Brasil va configurando un modelo; Israel “ha tenido” modelo -se desdibuja. ¿¿China??

Como caveat antes de empezar la crítica: Soy consciente de que Fatás considera este factor como “uno de los problemas de España”, no como EL problema; pero sí creo que le da mucha importancia. Otra razón para dedicarle una reflexión a esto es que se repite mucho entre los analistas esta idea de que necesitamos “un plan” para salir de ésta.

Lo primero es que esto de “estrategia definida” bien puede ser una bonita declaración de intenciones sin apenas contenido. En otro comentario, Fatás criticaba la VAGUEDAD de algunas propuestas de política económica convencional para el momento actual. Pues a mí este mensaje de la “estrategia definida” también me suena muy vago –mucho más vago que fijar un objetivo de equilibrio presupuestario estableciendo medidas concretas de recorte del gasto y subidas de impuestos, por ejemplo.

Fatás creo que tiene en mente algo así como un plan consensuado por sociedad y gobierno acerca de cómo enfrentarnos al futuro, en términos socio-políticos y económicos; una estrategia en sentido macro y global, que responda a las “grandes cuestiones”. Una especie de marco de principios básicos sobre los que debe descansar la sociedad.

Aunque estoy de acuerdo en parte con ésto –parece claro que en una sociedad sus integrantes deben compartir unos mínimos para que pueda darse la cooperación, confianza mutua, etc.–, la idea me genera cierta preocupación. Al menos a primera vista desprende cierta dosis del constructivismo social y económico que Hayek tanto criticó: la idea de que tiene que haber un plan que guíe las acciones de los agentes parece incompatible con una sociedad y economía libre. En ésta, son los individuos quienes elaboran y llevan a cabo sus propios planes, por lo que hay infinidad de planes y estrategias diferentes, no uno único.

En este sentido, viene a colación la crítica al término “la economía”, por dar apoyo implícito a la idea que acabo de criticar. Mario Rizzo lo expresa muy bien: en realidad, en un orden de mercado no existe tal cosa como “la economía”. La palabra economía viene del griego (oikonomia) que se refiere a la gestión consciente y deliberada de un hogar. En una sociedad libre, sin embargo, no hay ninguna ‘cosa’ que se dedique a gestionar de forma única a los agentes del mercado. Esta sociedad es el resultado de infinidad de decisiones individuales, cada una de ellas con sus resultados particulares.

De hecho, normalmente cuanto más planifican los gobiernos, menos capacidad y margen de maniobra dejan a los agentes económicos para satisfacer mejor sus propios planes individuales. Podemos verlo en las respuestas a la Gran Recesión: el sector privado ha estado ajustándose parcialmente ante el estallido de la crisis, mediante el ahorro, desapalancamiento, el trabajo adicional, etc… Los gobiernos, sin embargo, han hecho en gran parte justo lo contrario, asimilando las ideas de que son necesarios planes de estímulo de la demanda agregada (monetarios y fiscales), planes de rescate a la banca… Como lo puso Steve Horwitz a principios de 2009, “La gente olvidada ya estaba haciendo algo para la recuperación económica”.

Por otro lado, eso de el “plan o estrategia definida” me suena a experimentos fracasados. En un extremo me suena a los Planes Quinquenales soviéticos, o los planes similares de China, en el que en el año t se fijan unos objetivos claros de cómo tienen que ir las cosas en el año t+5. En estas sociedades parecía tenerse una estrategia bien definida. Un caso menos extremo es el del New Deal de Roosevelt, en la década de los 30 en EEUU. La sociedad americana vivía tiempos muy duros, con una tasa de paro sin precedentes, y tras llegar al poder, Roosevelt, ayudado/impulsado por sus asesores, lanzó una ambiciosa y radical agenda que intentaba seguir una línea más o menos definida, un cambio de rumbo drástico, como fue el New Deal (aunque algunos argumentan cómo Roosevelt en realidad siguió algunos de los trazos marcados por Hoover, quizás con una retórica algo distinta y más radical). De nuevo parecía haber un plan, y los resultados, al menos en mi opinión, fueron bastante malos.

Otro punto: ¿cuál es la “estrategia definida” de EEUU? ¿Cuál la de Japón? A este segundo no parece haberle ido demasiado bien en las últimas décadas, tras haber cometido importantes errores de política económica, como el no haber dejado liquidar las malas inversiones de la etapa de burbuja económica y mantener una estructura productiva y financiera medio zombie. ¿Y a Estados Unidos? Claro que es la economía más potente del mundo, pero ¿lo ha sido por tener una “estrategia definida”? ¿Lo seguirá siendo en el futuro? También EEUU ha cometido, y está cometiendo, muchos errores, y como sostienen algunos como Jim Rogers, el eje del mundo puede estar moviéndose de los EEUU hacia el Este-Asia.

En último lugar, imagínense que España, no sé de qué forma, se pone de acuerdo y define una estrategia.  ¿Solucionaría eso, o ayudaría a solucionar, los problemas económicos de España? ¿Los graves desequilibrios financieros y reales en la estructura productiva? ¿Los agujeros de su sector bancario? ¿La falta de credibilidad en el exterior? ¿La rigidez del mercado laboral y del sistema regulatorio en general? No se me ocurre cómo. Como mucho, si esa estrategia que se define agrada a los inversores, se podría mejorar la imagen de España en el exterior y así su credibilidad, dando también una mayor estabilidad sobre las reglas del juego, pero esto debe ir acompañado de medidas reales.

La situación actual es muy seria, la crisis muy profunda, y tras 4 años todavía no parecemos habernos dado cuenta de dónde estamos y de los sacrificios y reformas que son necesarias llevar a cabo. Si se hubieran hecho las cosas mejor desde principios de la crisis –no digamos si se hubieran hecho bien desde hace una década…– las cosas ahora no creo que estuvieran tal y como están.

La idea de que necesitamos una “estrategia definida” parece poner el acento en las formas y no en el contenido, como si cualquier estrategia, por muy definida que esté, fuera a funcionar. Por eso, en definitiva, en mi opinión no creo que el quid de la cuestión esté ahí –lo que no niega que no pueda ser un aspecto que tenga cierta importancia, entre otros muchos. (Que conste que pienso que los bandazos e improvisación en la política económica de Zapatero han podido causar bastante daño a la economía española; tema sobre el que en estos días aparecerá un artículo en Libre Mercado en favor de esta hipótesis).

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