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Reseña del Informe Recarte I

Angel Martín Oro
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A pesar de que El Informe Recarte I fue escrito hace un tiempo, y las cosas suceden con gran rapidez, creo oportuno releer de vez en cuando las explicaciones de por qué se llegó a la situación de 2008-2009. Y eso, entre otras muchas cosas, es a lo que se dedicaba el Informe Recarte, que reseño a continuación.

En muchos sentidos y para muchas personas, la debacle financiera internacional ha supuesto un notable shock, un cambio repentino y brusco, una ruptura radical: de una fase de expansión, optimismo y euforia generalizados (Greenspan lo llamaría “exuberancia irracional), se ha dado paso a una recesión profunda, y se ha extendido el pesimismo sobre los agentes económicos y sociales.

Como muy bien dice el autor del libro que se reseña, esta situación ha generado, y sigue generando, desconcierto, inseguridad e incomprensión, no solo entre la gente común, sino también entre analistas y expertos.

En este contexto se inscribe claramente este libro, “El Informe Recarte: La economía española y la crisis internacional”, que lleva el apellido de su autor, Alberto Recarte. Él es técnico comercial y economista del estado, y entre otros muchos cargos profesionales, destaca como consejero de Caja Madrid y presidente del periódico digital de corte liberal-conservador Libertad Digital.

Precisamente es en este medio donde se origina y surge el libro, de forma no intencionada. En un principio, Recarte publicó en Libertad Digital una serie de artículos en el mes de Agosto de 2008, que conformaban un ensayo relativamente compacto de 44 páginas[1]. Ante el gran éxito que tuvo, procedió a ampliar de manera significativa el contenido de ese ensayo, y de ahí surgió la presente obra, actualizada y publicada en 2009.

En esta obra hace un estudio completo y pormenorizado, a la vez que ameno y didáctico, de cuestiones tan relevantes como: cuáles han sido las causas y orígenes de la actual situación de crisis de la economía internacional, cómo se han ido desarrollando los acontecimientos desde las primeras turbulencias en el verano de 2007, cuáles han sido las reacciones de políticas económicas tomadas por las autoridades políticas y monetarias para hacer frente a la crisis, y qué es lo que se espera que suceda en el futuro previsible. En último lugar también analiza posibles medidas para facilitar la salida de la actual situación.

El libro está estructurado en tres partes distintas, aunque solapadas en su contenido y desarrollo temporal. Al contenido literario le acompaña un excelente apéndice gráfico y estadístico, con información de alto valor ilustrativo.

La primera de ellas la dedica a exponer el origen y desarrollo de la crisis financiera internacional, con especial énfasis en el modelo de relaciones económicas más reciente –una profunda e intensa globalización. Explica además cómo la crisis de carácter financiero se ha transformado en crisis de la economía real. En la segunda parte se centra en el caso español, en sus similitudes y particularidades con la crisis internacional, prestando especial atención al sistema financiero español, del que es conocedor de primera mano. Por último, en la tercera parte recapitula, vuelve al contexto internacional y expone cuáles han sido las consecuencias más notables de los acontecimientos recientes y las políticas aplicadas, tanto en el mundo como en España, y cuál es la salida de todo este tinglado de magnitudes desconocidas para muchos.

Uno de sus objetivos al escribir este libro, tal y como él mismo afirma en la introducción, es explicar por qué esta crisis era inevitable, y por qué no es muy diferente a muchas otras que se han ido sucediendo en los últimos 100 años. De ahí que abunden las comparaciones y ejemplos de la Gran Depresión norteamericana de la década de 1930, de la década perdida deflacionaria de Japón en los años 90 del último siglo, o de crisis de países emergentes como la de Latinoamérica en los años 80, o la asiática en la segunda mitad de los 90.

En parte, esto se debe a que la misma naturaleza del sistema financiero tiene cierta propensión a generar ciclos de auge y recesión, debidos a la manipulación monetaria y crediticia orquestada por las autoridades monetarias o bancos centrales. Así, en los años 20 en Estados Unidos, se llevó a cabo una intensa y exacerbada expansión del crédito que generó una burbuja especulativa en la bolsa y un auge económico basados en ése crecimiento crediticio, que inevitablemente debía parar, momento en el que se precipitó el crash.  De similar manera, Japón también vivió una burbuja bursátil e inmobiliaria que desembocó en la famosa deflación japonesa.

Y esta explicación basada en la expansión del crédito como generador de todo el proceso del ciclo económico, es la que en gran medida utiliza Recarte, bebiendo de las teorías de la Escuela Austriaca de Economía[2],  para dar luz sobre lo sucedido en el último ciclo de la economía internacional, y por ende, sobre la Gran Recesión. En efecto, tras el pinchazo de la burbuja tecnológica y de las puntocom a comienzos de siglo XXI[3], la Reserva Federal americana comenzó una política monetaria muy expansiva, bajando los tipos de interés a niveles muy bajos durante alrededor de 1 año, e inundando el mercado de liquidez. Es esta política la que, para Recarte, sería la mayor responsable de la crisis actual, ya que fue ese exceso de liquidez lo que generó la burbuja financiera e inmobiliaria de características insostenibles, que entre otras cosas  dependía de que los precios siguieran subiendo, que la Fed continuara expandiendo la liquidez indefinidamente, y que el riesgo crediticio permanecería siendo casi inexistente. Obviamente, estas expectativas son del todo irreales, con lo que, tarde o temprano tenía que explotar este castillo de naipes sostenido por un crédito creado artificialmente.

Pero en absoluto cae en el simplismo de identificar una explicación monocausal. Así, hay dos cuestiones más que fueron claves para explicar lo sucedido. La primera es la que tiene que ver con la manipulación de los tipos de cambio por parte de las economías asiáticas. Éstas, con el deseo de mantener su modelo de crecimiento basado en las exportaciones, evitaron una apreciación de sus monedas, generando unos superávits inflados de sus sectores exteriores e incidiendo en los desequilibrios internacionales. La combinación de la política excesivamente expansiva de la Fed, y también de otros bancos centrales como el europeo, combinada con la política de tipos de cambios en las economías emergentes, alimentaron unos desequilibrios insostenibles.

Además de estas dos causas principales, también añade la falta de regulación y control efectivo de las autoridades monetarias y agencias reguladoras sobre las entidades e instrumentos financieros, para evitar los descalabros que estaban produciéndose en el sistema financiero en general, y en particular, en la banca a la sombra estadounidense (shadow banking).

Los orígenes de la crisis en España no han sido muy diferentes a los de EEUU. Básicamente, para Recarte fue la entrada en la Unión Monetaria Europea lo que precipitó una expansión del crédito en España de grandes dimensiones, que alimentó la burbuja inmobiliaria, gracias al descenso brusco de los tipos de interés y la expansión de liquidez del BCE. Asimismo, generó incrementos desproporcionados de la formación bruta de capital y del endeudamiento de las familias, un aumento muy destacado del déficit exterior, amén de otras distorsiones a lo largo y ancho de la estructura productiva española, que se filtraron en el sistema financiero español.

Un sistema financiero español que lucha por mantener su solvencia, dado el alto porcentaje de activos relacionados con el sector de la construcción que están presentes en sus balances (especialmente en el caso de las cajas de ahorro), y el peligroso aumento de la morosidad. Afortunadamente, sin embargo, nuestro sistema bancario ha evitado otros peligros derivados de la falta de control y regulación, y gracias a ello, puede presentar más fortalezas de la banca de países anglo-sajones. Así, califica Recarte al sistema financiero español de “uno de los más eficientes del mundo”. Sin embargo, los matices que él mismo añade hacen dudar de este apelativo, especialmente para el caso de las cajas.

En España, los problemas pueden ser más graves que en otros países de nuestro entorno, señala Recarte. Principalmente esto se debe a que nosotros estamos sufriendo los efectos de dos crisis simultáneas: la nuestra propia, y la financiera internacional. Ambas parecen haberse aliado para hacernos las cosas más complicadas. Así, la segunda ha acrecentado los problemas de liquidez de la banca española, y ha agravado la brusquedad del ajuste económico.

Una situación de estancamiento durante unos años podría ser el peor panorama, especialmente si sucede al estilo japonés[4]. Para evitar esto, Recarte plantea algunas medidas de política económica, y critica otras. No hay que cometer los errores que se cometieron en Japón. Y sobre esto, afirma que “La deflación se ha enquistado en la economía japonesa precisamente por la intervención pública” (p. 317).

Por ello, se muestra muy crítico con los planes de estímulos fiscales basados en gasto público, como vía para reactivar la economía ante una crisis. El gasto público, lejos de mejorar la situación, puede agravarla. En todo caso, éste debe usarse para sanear a los sistemas financieros, pero no para aplicar planes de gasto keynesianos, con el agravante del contexto fiscal que presenta España.

En el contexto de las políticas financieras, propone el saneamiento de las entidades en problemas: hay que reconocer las pérdidas bancarias por la sobrevaloración de los activos, y recapitalizar la banca, en caso necesario, con fondos públicos. Asimismo, defiende establecer normas de regulación bancaria más conservadoras y estrictas, incrementando, por ejemplo, los coeficientes de solvencia y liquidez requeridos, para reducir el apalancamiento.

Además, en lugar de tratar de sostener al sector de la construcción, se debe facilitar el ajuste de la economía, lo que significará que se reducirá aun más en tamaño, algo que por otra parte, sería condición necesaria para la recuperación, ya que el elevadísimo stock de viviendas y la existencia de empresas zombis, no ayudan a la futura expansión.

Pero la lista de propuestas no acaba aquí, ni mucho menos. A estas reformas de corto plazo, se le unen numerosas reformas estructurales para encarar el futuro con mayor fortaleza. De entre éstas destacan la tan cacareada reforma del mercado laboral, del sistema educativo, tanto de primaria, secundaria como universitario, la reforma del sistema fiscal, de las cajas de ahorro, de la Justicia, o del sistema de las pensiones públicas. Todas éstas, medidas ambiciosas que solo un optimista sin remedio –siempre que comparta el análisis de Recarte-, vería como posibilidad en un futuro cercano.

En el terreno de la política monetaria, defiende la aplicación de criterios más estrictos y transparentes para monitorizar la actuación de los bancos centrales. Esta política es, a juicio del autor, la política económica más importante, por lo que todas las cautelas serían insuficientes, teniendo en cuenta, además, los graves errores que han cometido, y que están en la raíz de la actual crisis.

Y el fracaso monetario en el que más insiste es la entrada de España en el euro. Desde mi punto de vista, la excesiva insistencia sobre esta cuestión no estaría plenamente justificada. Si bien él señala y enfatiza los aspectos negativos de la entrada en el euro, enumeraré brevemente una serie de comentarios que irían en la otra dirección, sin negar que los argumentos que señala Recarte sean válidos. En primer lugar, la entrada en la UME supuso un incentivo para la prudencia fiscal y la estabilidad macroeconómica, gracias a lo cual encaramos el comienzo de la crisis con niveles de deuda pública muy bajos, y en superávit. En segundo lugar, en ausencia del euro, la política monetaria del Banco de España podría haber sido similarmente expansiva. En un entorno donde los bancos centrales más grandes e importantes hacen política expansiva, no es fácil ir a contracorriente.

Además, en tercer lugar, la apertura de la economía española, aun en ausencia de política monetaria expansiva del BdE, hubiera podido suponer que los españoles se endeudaran a tipos de interés bajos en moneda extranjera, incurriendo en prácticas financieras peligrosas, que podrían haber desembocado en lo mismo, con el agravante del riesgo de tipo de cambio. Así ha sucedido con algunas economías de Europa Central, como Hungría. Otro caso empírico es el Reino Unido, país fuera del euro pero que también ha vivido una intensa burbuja inmobiliaria y sigue viviendo una profunda crisis[5].

En mi opinión, en términos generales es un libro muy valioso, que aporta luz sobre lo ocurrido, mediante un análisis cuidadoso, completo y divulgativo. Quizás sea su carácter divulgativo una de sus principales aportaciones, ya que trata de explicar, y parece conseguirlo, fenómenos muy complejos de una manera clara y sencilla. A este objetivo dedica algunos capítulos y apartados en los que se explaya explicando conceptos básicos como los referentes a la globalización, o el funcionamiento del sistema financiero. Unos análisis que nunca está de más leer y releer, ya que en ocasiones se nos olvida.

Por ejemplo, seguramente le resultará llamativa a mucha gente la explicación del sistema bancario y su funcionamiento. Frente a quienes culpan al libre mercado y la completa y total falta de controles sobre el sistema financiero de los problemas actuales, Recarte señala que rigurosamente, no existe un mercado libre en el mundo financiero. Así, explica que “La banca, en cualquier país, es un oligopolio y sabe que siempre –o casi siempre- tiene detrás a un banco central… El sistema bancario es un sector intervenido, regulado e inspeccionado por los bancos centrales y por las CNMV de cada país… La regulación es casi infinita, heterogénea, muchas veces absurda, algunas, excesiva, y otras, insuficiente” (p. 67).

Asimismo, resulta algo casi excepcional la mención explícita e inspiración que recibe Recarte de la Escuela Austriaca de Mises y Hayek, dado el gran desconocimiento existente acerca de los teóricos y teorías de esta escuela. En efecto, sostiene el autor que “La única escuela de pensamiento económico que habría evitado este tipo de crisis de carácter sistémico es la Escuela Austriaca, que defienden un sistema financiero en el que los bancos no pueden crear dinero sino solo prestar el ahorro” (p. 77)[6].

Los recientes acontecimientos han elevado el interés y la atención de los economistas hacia las ideas austriacas en general, y la teoría austriaca del ciclo económico en particular. Así lo demuestran textos de distintos economistas, que van desde el keynesiano Axel Leijonhufvud[7], el anterior economista jefe del Bank of International Settlements William White[8], o el editor del Financial Times, Martin Wolf[9]; entre otros como Luis de Guindos[10], o artículos en prensa[11].

Una vez repasados los puntos fuertes del libro, debe señalarse el que para mí es el punto más débil del mismo. Y es la falta de sistematización y la repetición de muchas de las cuestiones que trata. Así por ejemplo, aparece constantemente, en capítulos diferentes y a lo largo de todo el libro de manera recurrente, la fatídica entrada de España en el euro, la política expansiva de la Fed y la manipulación de los tipos de cambio, etcétera. Si bien está justificada su insistencia debido a la importancia que el autor da a estos fenómenos, pienso que denota ciertas deficiencias en lo que a la estructura se refiere, lo que podría justificarse con la dificultad que la elección de la estructura para un libro de este tipo exige. No obstante, a veces da la sensación de que no avanzas apenas en el libro, ya que vuelven a aparecer las mismas cuestiones y análisis muy similares.


[2] Así sostiene que “la creación de dinero por el sistema financiero sin respaldo de ahorro real provoca, como mantienen los teóricos austriacos, los ciclos económicos”, p. 78.

[3] Burbuja que también ha sido explicada mediante la explicación del boom crediticio seguido por una contracción crediticia. Véase “Who Predicted the Bubble? Who Predicted the Crash?”, Mark Thornton, donde hace un repaso a las distintas predicciones y argumentos que se lanzaban a finales de siglo en relación a la burbuja de las puntocom. El autor señala las explicaciones y predicciones realizadas por los economistas de la Escuela Austriaca, según las líneas descritas, como las más correctas, tanto teórica como empíricamente, tras el pinchazo y posterior recesión. http://www.independent.org/publications/tir/article.asp?a=212

[4] Muy recientemente se han sucedido los análisis en relación a la hipotética comparación entre la década perdida japonesa y unos años de estancamiento futuro de la economía española. Véanse: “¿Nos espera una década como los 90 en Japón?”, Antonio Cabrales: http://www.fedeablogs.net/economia/?p=3730; y “Los Zombis: ¿Una Nueva Especie Protegida?”, Luis Garicano: http://www.fedeablogs.net/economia/?p=3842.

[5] Esta cuestión es analizada sobre estas líneas, en el mismo periódico que preside Recarte, por Juan Ramón Rallo: “¿Habríamos estado mejor sin el euro?”, a lo que responde negativamente, en contra del presidente: http://revista.libertaddigital.com/habriamos-estado-mejor-sin-el-euro-1276236148.html

[6] No obstante, esta afirmación se debería matizar, ya que existen distintas posturas dentro de los teóricos de esta corriente.

[8] “Modern Macroeconomics Is On the Wrong Track”: http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/2009/12/pdf/white.pdf

[11] De los que se podría destacar: “The Man Who Predicted the Depression”, en el WSJ, sobre Ludwig von Mises: http://online.wsj.com/article/SB10001424052748704471504574443600711779692.html

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